sábado, 5 de diciembre de 2009

El alcohol y sus consecuencias, todo depende de uno y los límites que nos pongamos

Salir con los amigos a divertirse un sábado o viernes por la noche, no tiene absolutamente nada de malo, bailar, bromear, compartir un momento agradable con ellos y tener una historia que contar a nuestros hijo, nietos, a otros amigo e incluso a nuestros padres. Pero que sucede cuando no sabemos detenernos a la hora de tomar un trago, tomar otro, otro ,otr y otros más, sabemos que la gente con la que salimos es de confianza y que nos cuidarán, pero ¿podrán ellos cuidarnos de nosotros mismos?.

Yo tenía 17 años y quería salir al mundo de las discotecas, bares, concocer que es salir una noche de viernes, tomar y divertirse al máximo sin que nadie me controle, no sabía lo que me esperaba y todo lo que era capaz de hacer yo!!!. Comencé escapándome de mi casa por mi ventana, solía tomar con la gente que me encontraba por mi casa, pero aún no sabía tomar y me emborrachaba rápido, eran solo dos vasos y nada más. Poco a poco empecé a agarrar cancha (como se diría en nuestra jerga) ya no tomaba dos vasos, ahora eran 5 los vasos, ya no eran vasos con poco alcohol y bastante gaseosa, ahora eran poca gaseosa y bastante ron.

Habí un chico que me gustaba, alguién que me movía el piso por completo, solía salir a tomar para verlo y conversar con él, poco a poco nos acercamos más y comenzamos a salir, si es que así se podue decir, comenzamos a jilear hasta que un día, ambos tomados nos metimos a mi cuarto, esa fue mi primera vez, fue graciosa y chevere, pero no se acercaba en lo más mínimo a como yo quería que fuese.

Así pasaron los días, los meses y mi vida se volvía peor cada día, tomaba en exceso, me besaba con bastantes chicos, en una noche con dos, no sabía que sucedía conmigo, no podía controlarme y me estaba convirtiendo en alguién totalmente distinta a la chica que solía ser, una chica que estaba en su casa y que solo salía a pasear a su perro al parque.

Después de 6 meses conocí a un chico, me enamoré de él, era encantador e hizo todo para conquistarme, me enviaba rosas, era detallista, era casi perfecto, llegamos a cumplir 11 meses de enmorados y él me terminó para estar con otra chica, en ese momento me derrumbé por completo y volví a tomar como antes de conocerlo, le demostré que era totalmente distinta de la chica que conoció, me porté como una cualquiera, hsta que un día él decidió regresar, ¿por qué motivo?, según él, no se había olvidado de mí y quería que regresáramos, yo me emocioné y no dudé en decirle que sí. Era todo lo que quería, pero fue muy mala la idea porque fue peor regresar con él, me enteré que a él le gustaba mi mejor amiga y yo no volví a confiar en él... Pasaron 3 meses y yo terminé borracha, besándome con su mejor amigo, se enteró de todo y ´termino conmigo al poco tiempo.

Todo eso me volvió a derrumbar y vovía a lo mismo, al poco tiempo me enteré que él también había llegado a besarse con mi mejor amiga, la cosa se volvió insoportable, lo mandé lejos, discutimos, a ella no le hablé y le dije de todo y no los volví a ver... Mi vida siguió siendo como era a los 17, de chico en chico, de fiesta en fiesta, de borrachera en borrachera, no tenía nada claro y sólo quería olvidrame de él, borrarlo completamente y curar todo el daño que nos causamos, pero era peor la cura que la enfermedad.

Todo pasó rápido a los pocos meses lo volví a ver, me volvió a decir que me quería y que lo perdonara, yo no sabía que hacer, solo sabía que no podía estar sin él un segundo, el problema fue cuando me empecé a dar cuenta que solo era un juego para él, que en verdad era su agarre de la noche, que no le importaba. Era gracioso verme caer noche tras noche y no poder detenerme, borracha le reclamaba y le hacía escándalos, todo etso pasó y decidí ponerme un límite con él y el alcohol.

No pude con el alcohol, seguía siendo mi problema, un día me encontré con un amigo que no veía hace un montón de tiempo y le dije que fuera a recogerme donde estudiaba y así fue. Cuando lo vi llegar me dijo que se demoró por culpa del amigo que iba acompañándolo, es ahí donde conocí al que ahora es mi enamorado, Angel y en eso se convirtió, en un angel para mí..

Lahistoria es un poco más larga, y en lo único que puedo resumir esto es que le hice mucho daño, a él me mostré como era con el alcohol, la chica fácil, la borracha, la escándalosa y todo lo que era con el alcohol en mis venas. La gente que me concoce sabe como soy realmente, Angel conoce como puedo llegar a ser borracha y d elo que soy capáz de hacer y también como soy sin una gota de alcohol.

Me enseñó a controlarme, a tomar con moderación, me contó y me hizo entender lo riesgos que corría estando así delante de todos. Ahora se lo agradezco un montón y ahora entiendo como realmente te hace daño el alcohol, no solo son los accidentes físicos, están los emocionales y la reputación que te ganas, nos solo hieres a los demás, también a tí y lo peor de todo es la culpabilidad que tienes al día siguiente, los otros días porque hiciste cosas que no puedes cambiar, arrepentirte por todo, pero realmente entendía que no gano nada arrepintiéndome, sino cambiando mi vida y sinedo mejor.
Ahora tengo 21 años y sigo tomando, pero aprendí a tomar con moderación y sin excesos, por lo menos sé que tengo alguién que me protege, uno conmigo a mi lado y el otro está arriba, que no permitió que nada me pasara...

El alcohol es un depresor del sistema nervioso y produce cambios en la conducta humana. Sus efectos van desde la pérdida de las inhibiciones y sentimientos de relajación hasta alteraciones en el comportamiento que derivan en conductas agresivas y violentas.


Cuando se produce la inhibición por el consumo de alcohol, el bebedor muestra un comportamiento primitivo y antisocial, porque la corteza cerebral pierde el control sobre estas inhibiciones. La persona se siente estimulada, pero lo que sucede en realidad es que las células de su cerebro se han deprimido.


Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el alcohol "es el principal factor de riesgo para la carga de morbilidad en los países en vías de desarrollo de las Américas, y el segundo factor de riesgo en los países en vías de desarrollo de la región". Revista de la Organización Panamericana de la Salud. Volumen 10, Número 1. 2005.
Por esta razón, los problemas de salud asociados al consumo de alcohol han cobrado proporciones importantes, hasta convertirse en un riesgo sanitario de primer orden.


"Las investigaciones médicas han demostrado que el abuso prolongado del alcohol causa enfermedades al hígado como la cirrosis y la hepatitis, además de perdida de la memoria, úlceras, anemia, coagulación defectuosa, deterioro de la función sexual, malnutrición, depresión, cáncer y hasta daño cerebral. Pero desde la perspectiva de la salud pública, el mayor impacto proviene del consumo ocasional de alto riesgo de quienes suelen beber poco o moderadamente". Ibid


Cuando en una familia hay un enfermo alcohólico, su enfermedad se extiende de un modo imperceptible a todos sus miembros. La esposa, los hijos y los hermanos, de alguna manera, también están afectados por el alcohol pues nadie puede vivir en permanente preocupación, con la inseguridad económica y con el miedo de que el marido o hermano vuelva ebrio a casa.


Por otro lado, la mayoría de accidentes de tránsito están relacionados con el consumo de alcohol. Se estima que el conductor bajo los efectos del alcohol es responsable del 30-50% de los accidentes con victimas mortales, del 15 al 35% de los que causan lesiones graves, y del 10% de los que no causan lesiones.


Además, el consumo de alcohol durante el embarazo aumenta el riesgo de contraer malformaciones fetales, dando lugar al síndrome alcohólico fetal (SAF), que se caracteriza por retraso en el desarrollo del feto, alteraciones cardíacas, defectos en los pulmones, en los órganos sexuales y en la configuración craneofacial.


El 18% de los jóvenes de Lima maneja pese a haber bebido

Así lo revela un sondeo telefónico realizado a 150 muchachos de entre 18 y 30 años de edad, informó la Secretaría Nacional de la Juventud (SNJ) del Ministerio de Educación.

Un sondeo telefónico en Lima que realizó la Secretaría Nacional de la Juventud (SNJ) del Ministerio de Educación a 150 jóvenes, de entre 18 y 30 años, reveló que el 17% de estos maneja pese a haber bebido alcohol.
Maeg Arriola, Secretario Nacional de la Juventud, dijo que esta cifra revela que es necesario hacer campañas preventivas y que creen conciencia en este grupo de personas, para evitar accidentes de tránsito.

Sostuvo que el problema de los jóvenes y la seguridad vial es un tema de preocupación representan un grupo que a la vez es víctima principal de la inseguridad en las pistas así como causantes de estos siniestros.
Según las últimas estadísticas de la Policía Nacional, de los 137 accidentes del 2009 en Lima Metropolitana (registrados a marzo), la mayoría de estos accidentes involucró a personas de entre 18 y 30 años de edad (31.5%).
Asimismo, la principal causa mundial de muerte de adolescentes, de entre 15 y 19 años, son los accidentes de tránsito, según informes de la Organización Mundial de la Salud. Esto implica que, anualmente, 400,000 jóvenes en el mundo pierden la vida de esta forma.
“La SNJ se suma a la acción del Estado para resolver el tema de los accidentes de tránsito y saluda las reformas planteadas por el Ejecutivo al problema de los accidentes de tránsito, pero también planteamos que se hagan campañas viales específicas para los jóvenes”, añadió.
Arriola Escalante precisó que estas reformas resuelven solo una arista del grave problema de la inseguridad vial, destacando que la estrategia para combatir este flagelo debe ser integral, con énfasis en la labor preventiva además de las medidas sancionadoras.

Mencionó además el papel de los padres de familia en la prevención de siniestros protagonizados por jóvenes, por lo que pidió que vigilen el comportamiento de sus hijos: “Muchas veces cuando un joven choca lo hace con el auto de papito o mamita, entonces esos padres también deben asumir su responsabilidad a la hora de prestar sus vehículos”, dijo.
De otro lado, manifestó que el reforzamiento de la prevención de accidentes en el público joven permitirá al país ahorrar muchas vidas, pues los jóvenes infractores casi siempre están acompañados de otros jóvenes que resultan heridos o sus vidas terminan perdidas.

Rápido y fatal


Qué excitante es la velocidad y qué peligrosa resulta ser. Eso lo sabe bien el hombre cuyos legajos tratan sobre las víctimas mortales de choques automovilísticos en Lima Metropolitana. Solo en este año, el coronel Nabor Ortiz Melgarejo ha corroborado que el 25% de los fallecidos en accidentes de tránsito protagonizaron una historia que tuvo como móvil macabro el exceso de velocidad. “Dios mío, la gente se mata por ir rápido”, Nabor Ortiz lo dice así, con temor, a las ocho de la mañana de un miércoles de verano, rogando que el teléfono del Departamento de Prevención e Investigación de Accidentes de Tránsito de la Policía Nacional no traiga mensajes de muerte. El coronel Ortiz, jefe de esta dependencia ubicada en La Victoria, dice que el alcohol no es necesariamente el ingrediente que invita a pisar el acelerador.


Las estadísticas de la PNP demuestran que solo el 7% de los 147 muertos por accidentes automovilísticos tuvieron como actor principal a un conductor ebrio. “Nosotros, que sabemos a diario de estos dramas, podemos decir que los conductores siempre confían en sus autos del año y aceleran sin calcular su posible muerte”, reflexiona el coronel, rodeado de fotografías de vehículos destrozados. “Ahí, aunque no lo creas, hay una persona”. Ortiz señala una imagen de una camioneta aplastada contra un poste y luego recuerda: “El chico corría, y se mató. No te imaginas las escenas que tenemos que enfrentar, el dolor de la familia, la rabia, todo eso se puede evitar si entendemos que la educación vial es básica”, dice Nabor Ortiz y luego, sin despegarse de la fotografía, asegura que en muchos casos, sobre todo en los choques frontales a velocidad, ambos conductores llevan la peor parte, porque el instinto de supervivencia hace que giren el timón para la derecha, sin embargo nada pueden hacer cuando, por ejemplo, el automóvil está corriendo arriba de los 120 kilómetros por hora.


Rock & Ron

4,500 personas asistieron al concierto benéfico para ayudar a José Miguel González. Un rechazo rotundo al alcohol y a la impunidad en las pistas.



NI siquiera cuando lo inauguraron, el anfiteatro del Parque de la Exposición de Lima lució tan abarrotado como el jueves 27. Al menos, 4,500 personas acudieron allí para el concierto benéfico en favor de José Miguel González Otoya (23).



El universitario -arrollado junto a siete jóvenes el 11 de diciembre en la Costa Verde- aún no sale del coma, pero ha mostrado ciertas señales de recuperación.
El concierto fue todo un éxito. Los jóvenes vistieron camisetas con el rostro de José Miguel y vinchas con el lema: "No a la impunidad". Lo extraordinario es que durante todo el show no hubo trago. Los asistentes bebieron gaseosas y agua mineral.


El objetivo era obtener fondos para cubrir el costoso tratamiento de José Miguel, pero también tomar conciencia de que cuando se maneja es preferible no ingerir licor.

Celso Pastor Belaunde (61), el ex cónsul de Finlandia que atropelló a los jóvenes y se dio a la fuga, está recluido en el penal de San Jorge por conducir ebrio. Podría ser condenado a cinco años de prisión efectiva.
Hay otros casos flagrantes de desacato a la autoridad. El 28 de diciembre, Alejandro Guerrero, director periodístico de Canal 5, fue intervenido por agentes de la comisaría de Chorrillos. Los policías sorprendieron a Guerrero en su auto aparcado en la avenida Huaylas.

Los efectivos se acercaron al periodista, pero éste se negó a responder las preguntas y hasta amenazó con hacer que los expulsen de la institución. Olía a licor.
Guerrero se resistió a someterse al examen de dosaje etílico y se marchó en su auto sin importarle que le retuvieran la licencia de conducir.

Su actitud sorprende, por decir lo menos. Panorama, programa dominical que dirige, abordó el drama de José Miguel y exigió la pronta captura y ejemplar sanción de Pastor Belaunde en vista de que estaba ebrio cuando ocurrieron los hechos. Ahora, Guerrero deberá afrontar una denuncia presentada en la 36a Fiscalía Penal de Lima por los delitos de peligro común y resistencia a la autoridad. Nada menos.




PUDISTE SER TU

Aquella madrugada en las frías pistas de la Av. Javier Prado, María Paz Martinez Veliz vistió de negro luto un curriculum que hasta ese instante solo era motivo de orgullo. Bastaron tan sólo algunos segundos para que la joven diseñadora de modas, graduada en Paris e Italia, la chica sonriente de intachable conducta, la hija menor de una familia de solvente posición económica, pasara no sólo a engrosar la inefable lista de conductores homicidas en evidente estado de ebriedad, sino tambien, fuera puesta tras las rejas del penal Santa Mónica.Sus lagrimas empaparon su rostro de desperación y angustia, en completo estado de shock, la joven de 22 años era incapaz de recordar y asumir lo que minutos antes su irresponsabilidad al volante había provocado.

Frente a la Universidad de Lima, un trágico escenario daba cuenta de lo ocurrido.Los tres jóvenes estaban tirados en el suelo boca arriba, Juan Carlos Osores tenía la rodilla rota, Yovana Picón Vizconde fracturas múltiples en el cuerpo mientras que su hermana Jennifer, de apenas 19 años, sencillamente no respondía al llamado de auxilio. Su cuerpo tendido en el pavimento no pudo resistir la embestida de la camioneta 4x4, voló por los aires a varios metros del lugar del impacto.Hace algunos años atrás, las hermanas Yovana y Jennifer Picón Vizconde habían llegado de Chincha para iniciar estudios superiores. Yovana era una aplicada alumna de Administración Hotelera en Isil mientras que Jennifer estudiaba Traducción en un instituto y tenia planes de emigrar al extranjero.Pese a los 5 años de diferencia, Yovana y Jennifer siempre fueron muy unidas, vivían juntas en un departamento y acababan de regresar de vacaciones; sin embargo, la madrugada del pasado miércoles 5 de marzo, las hijas del ex alcalde del distrito de Grocio Prado en Ica, se separaron para siempre de la manera más terrible.

Yovana Picón ha sobrevivido a la tragedia, la familia no pudo ocultarle por más tiempo que Jennifer había muerto. Yovana tiene fractura en el codo, en la rodilla y el tobillo, posiblemente tarde seis meses en volver a caminar pero recuerda al detalle lo ocurrido en la Av. Javier Prado, mientras regresaba a su casa tras dejar a un amigo.

A esa misma hora, en alguna discoteca de Miraflores, María Paz Martinez Veliz se divertía sanamente con sus amigos. Según cuenta, habia bebido un martini y una cerveza y en pocos minutos tomaría la Vía Expresa de Javier Prado para llegar a su casa en La Molina.Yovana, en cambio, seguía esperando ayuda mecánica dentro del carro, llamó a su hermano pero al enterarse que estaba en Chincha, decidió llamar a su hermana Jennifer.Fue entonces cuando el hermano de Yovana se comunica con Juan Carlos Osores, un amigo de la universidad, quien se ofrece ayudarla a colocar la llanta de repuesto.

Yovana asegura que el auto estaba estacionado en el primer carril. En ese momento llegaria Jennifer en un taxi y se pararon a un costado del vehiculo. Lo que vino despues fue un pantallazo y un despertar aterrador.Sin proponérselo, María Paz Martinez había atropellado a tres personas. A las 2 de la madrugada, nadie la vio detenerse y algunos diarios aseguraron que intentó darse a la fuga. Sin embargo, la joven diseñadora dice haber estado en una terrible crisis nerviosa.El dosaje etílico arrojó 1.68, suficiente para declararla responsable, suficiente para enviarla directamente a la cárcel.Desde hace 3 días, María Paz Martínez se ha mudado a las antípodas de su realidad, a un universo de paredes altas y rejas en el que jamás se imaginó caer.

No habrá más la cama suave ni la comida caliente, en Santa Mónica será una interna cualquiera y ella parece saberlo. María Paz vivió siempre para el arte del diseño de modas. Su vocación la llevó a estudiar a Europa y su talento la convirtió en alumna becada de la prestigiosa escuela italiana Marangoni, de donde egresan los grandes diseñadores.

En estas oficinas de la Escuela de Diseño Chio Lecca, María Paz volcaba toda su energía, había creado su propia marca de ropa y sus sueños estaban plasmados en decenas de bocetos, en una vitrina glamorosa que hoy se hace trizas al verla metida en la escandalosa crónica policial donde su nombre resalta con tinta roja y la negra estela de la muerte.Sus amigos están sumamente conmovidos. María Paz no era una chica problema y mucho menos una bebedora empedernida sino todo lo contrario afirman, pero aquella noche olvidó la letanía que menos se cumple: si tomas no manejes.En las imágenes que mostró la televisión se observa que el auto de Yovana Picón no estaba completamente pegado a la vereda. Sin embargo, María Paz tampoco se percató de las luces intermitentes ni tuvo reflejos para esquivarlo.La camioneta de María Paz pasó arañando el auto de Yovana que terminó con el espejo roto. Mientras los cuerpos de los chicos quedaban sobre la pista, María Paz y su acompañante, Susana Sosa, pasaron de largo.Presa de los nervios, María Paz siguió conduciendo hasta la cuadra 3 de la avenida Circunvalación y reportó el accidente a la Central de Emergencias 105. A esa misma hora, la llamada de un vecino alertó al Serenazgo de Surco, el sereno Martin Zapata patrullaba la zona y fue en busca de María Paz.Envuelta en llanto, la joven fue conducida a la Comisaría de Monterrico.

En la detención se descubrió que tampoco tenía brevete.En Santa Mónica, María Paz Martinez espera la sentencia, aferrada a su humildad interior, consciente de su error, dispuesta a postergar los sueños de una carrera exitosa.Para los Picón Visconde, en cambio, la herida demorará mucho más tiempo en cerrar, hasta que lentamente Jennifer pase a ser parte de ese equipaje de hermosos recuerdos.El caso de María Paz Martinez podría sentar precendente y ser ejemplo para tantos jóvenes que conducen ebrios, destruyendo hogares, inundando vidas con desgracia y que lejos de dar la cara como esta joven se esconden bajo las faldas de la impunidad.



Reportaje: Fernando DíazEdición: Eduardo PosadasCámara: Roy Espinoza

Dos vidas truncas por culpa del alcohol

Henry Bouverie, empleado del Ministerio de Vivienda, los atropelló en Surco. La familia de Lucy no sabe cómo llevarla a Áncash. Los padres de Manuel piden una reparación. Ambos murieron el viernes 27.

Las últimas palabras de Manuel Broncano Cuchuñaupa aún dan vueltas por la cabeza de Elías Aquije, confidente y mejor amigo de 'el gordo' Manuel: "El lunes vamos al parque para entrenar artes marciales y luego nos vamos a buscar un instituto de informática". Era la tarde del viernes 27 de junio y los dos jóvenes de 21 años, compañeros desde el Colegio Nacional Mixto "Jorge Chávez" de Surco, se despedían con los ojos cansados luego de una jornada cinéfila que culminó con "Drunken Master", de Jackie Chan.


Hoy (ayer) es lunes y todos los planes de estos dos amigos viajan al cementerio, en un ataúd plomo que contiene el cuerpo de Manuel Broncano, muchacho que repartía periódicos en Surco y Miraflores y por la noches era guardián de un condominio. Dos trabajos y un solo objetivo: estudiar ingeniería informática en un instituto de prestigio.
NECESITAN AYUDA LEGAL
"Ese viernes Manuel me dijo que saldría con una chica que recién estaba conociendo", recuerda Elías. Aquella era Lucy Margarita Llamoga Ángeles, de 19 años, una ancashina que radicaba en Lima desde el año pasado y que encontró la muerte cuando esperaba el ómnibus junto a su amigo Manuel Broncano.


Víctor Raúl, hermano de Lucy, recién aprende a ser adulto y el peso de la desgracia ya le cayó encima.Víctor Raúl no sabe por dónde empezar: gestiona un ataúd para Lucy, busca un abogado que pelee por una sanción severa para el asesino de su hermana, anhela una reparación justa para su familia, pregunta cómo se realizan los trámites de defunción y, además, tiene que lidiar con el dolor de sus padres, Santos Llamoga (49) y Julia Ángeles (54), quienes recién han llegado de Áncash y solo quieren embalsamar el cuerpo de Lucy y marcharse al Callejón de Huaylas para rendirle los honores fúnebres.


Las familias de Lucy y Manuel, quienes perecieron arrollados por el auto del empleado del Ministerio de Vivienda Henry William Bouverie aún no se explican cómo la muerte llegó tan rápido.
"Tienes que vivirlo para sentirlo. Nosotros no tenemos dinero para un abogado. Pedimos a la autoridades que nos ayuden", exclama Santos Llamoga, el padre de Lucy. De sus labios sólo salen palabras de reclamo: "Toda la vida se debería quedar en la cárcel ese asesino, mató a mi hija, a mi niña".


SABÍA DE SU DELITO


En efecto, las autoridades policiales reconocieron que Henry William Bouverie, de 35 años, sí estaba consciente cuando embistió a los dos jóvenes con su Honda de placa BOO-750, en la esquina de la avenida Tomás Marsano y el jirón Ayacucho.
"Mi hermana Lucy estaba estudiando en una academia y quería postular a la San Marcos. Este tipo le truncó la vida", cuenta, a manera de reclamo, Víctor Rául, quien sostiene fotocopias de DNI en su mano. A las afueras de la Morgue de Lima están los padres de Lucy, mientras que en el cementerio de Surco velan a Manuel.
"Ahora qué le digo a mi madre. Con Manuel hemos muerto todos, Será muy difícil reponernos", exclama Juan Carlos, hermano del joven difunto. Ellos solo claman justicia, quisieran retroceder en el tiempo, pero saben que eso es tan imposible como la resurrección.


"Henry no es un asesino, solo era un empleado"


1) Una compañera de trabajo de Henry Bouverie, quien atropelló a los dos jóvenes en Surco, asegura que este abogado tenía una carrera intachable y que siempre fue un empleado ejemplar. "Todo el tiempo nos ayudaba, era solícito y además muy buen profesional. Hasta ahora no entendemos su actitud. Quizás producto del alcohol decidió huir una vez que cometió ese error (el atropello). Aquí estamos muy impactados. Las autoridades del ministerio no lo pueden creer", expresó la trabajadora del Ministerio de Vivienda, que prefirió el anonimato.


2) "Solo sabemos que él retornaba de jugar un campeonato de fulbito, pero no teníamos idea de su estado de ebriedad. Henry estaba acompañado de cinco amigos, ellos lo observaron como siempre: jovial, molestoso. No salimos de nuestro asombro hasta ahora. Henry no es un asesino, él era un empleado del Ministerio de Vivienda que trabajaba bajo la modalidad de SNP, en el área de administración. Repito, siempre mantuvo una conducta seria y respetuosa", comentó, vía telefónica, su compañera de labores.