
Qué excitante es la velocidad y qué peligrosa resulta ser. Eso lo sabe bien el hombre cuyos legajos tratan sobre las víctimas mortales de choques automovilísticos en Lima Metropolitana. Solo en este año, el coronel Nabor Ortiz Melgarejo ha corroborado que el 25% de los fallecidos en accidentes de tránsito protagonizaron una historia que tuvo como móvil macabro el exceso de velocidad. “Dios mío, la gente se mata por ir rápido”, Nabor Ortiz lo dice así, con temor, a las ocho de la mañana de un miércoles de verano, rogando que el teléfono del Departamento de Prevención e Investigación de Accidentes de Tránsito de la Policía Nacional no traiga mensajes de muerte. El coronel Ortiz, jefe de esta dependencia ubicada en La Victoria, dice que el alcohol no es necesariamente el ingrediente que invita a pisar el acelerador.
Las estadísticas de la PNP demuestran que solo el 7% de los 147 muertos por accidentes automovilísticos tuvieron como actor principal a un conductor ebrio. “Nosotros, que sabemos a diario de estos dramas, podemos decir que los conductores siempre confían en sus autos del año y aceleran sin calcular su posible muerte”, reflexiona el coronel, rodeado de fotografías de vehículos destrozados. “Ahí, aunque no lo creas, hay una persona”. Ortiz señala una imagen de una camioneta aplastada contra un poste y luego recuerda: “El chico corría, y se mató. No te imaginas las escenas que tenemos que enfrentar, el dolor de la familia, la rabia, todo eso se puede evitar si entendemos que la educación vial es básica”, dice Nabor Ortiz y luego, sin despegarse de la fotografía, asegura que en muchos casos, sobre todo en los choques frontales a velocidad, ambos conductores llevan la peor parte, porque el instinto de supervivencia hace que giren el timón para la derecha, sin embargo nada pueden hacer cuando, por ejemplo, el automóvil está corriendo arriba de los 120 kilómetros por hora.
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