sábado, 5 de diciembre de 2009

Dos vidas truncas por culpa del alcohol

Henry Bouverie, empleado del Ministerio de Vivienda, los atropelló en Surco. La familia de Lucy no sabe cómo llevarla a Áncash. Los padres de Manuel piden una reparación. Ambos murieron el viernes 27.

Las últimas palabras de Manuel Broncano Cuchuñaupa aún dan vueltas por la cabeza de Elías Aquije, confidente y mejor amigo de 'el gordo' Manuel: "El lunes vamos al parque para entrenar artes marciales y luego nos vamos a buscar un instituto de informática". Era la tarde del viernes 27 de junio y los dos jóvenes de 21 años, compañeros desde el Colegio Nacional Mixto "Jorge Chávez" de Surco, se despedían con los ojos cansados luego de una jornada cinéfila que culminó con "Drunken Master", de Jackie Chan.


Hoy (ayer) es lunes y todos los planes de estos dos amigos viajan al cementerio, en un ataúd plomo que contiene el cuerpo de Manuel Broncano, muchacho que repartía periódicos en Surco y Miraflores y por la noches era guardián de un condominio. Dos trabajos y un solo objetivo: estudiar ingeniería informática en un instituto de prestigio.
NECESITAN AYUDA LEGAL
"Ese viernes Manuel me dijo que saldría con una chica que recién estaba conociendo", recuerda Elías. Aquella era Lucy Margarita Llamoga Ángeles, de 19 años, una ancashina que radicaba en Lima desde el año pasado y que encontró la muerte cuando esperaba el ómnibus junto a su amigo Manuel Broncano.


Víctor Raúl, hermano de Lucy, recién aprende a ser adulto y el peso de la desgracia ya le cayó encima.Víctor Raúl no sabe por dónde empezar: gestiona un ataúd para Lucy, busca un abogado que pelee por una sanción severa para el asesino de su hermana, anhela una reparación justa para su familia, pregunta cómo se realizan los trámites de defunción y, además, tiene que lidiar con el dolor de sus padres, Santos Llamoga (49) y Julia Ángeles (54), quienes recién han llegado de Áncash y solo quieren embalsamar el cuerpo de Lucy y marcharse al Callejón de Huaylas para rendirle los honores fúnebres.


Las familias de Lucy y Manuel, quienes perecieron arrollados por el auto del empleado del Ministerio de Vivienda Henry William Bouverie aún no se explican cómo la muerte llegó tan rápido.
"Tienes que vivirlo para sentirlo. Nosotros no tenemos dinero para un abogado. Pedimos a la autoridades que nos ayuden", exclama Santos Llamoga, el padre de Lucy. De sus labios sólo salen palabras de reclamo: "Toda la vida se debería quedar en la cárcel ese asesino, mató a mi hija, a mi niña".


SABÍA DE SU DELITO


En efecto, las autoridades policiales reconocieron que Henry William Bouverie, de 35 años, sí estaba consciente cuando embistió a los dos jóvenes con su Honda de placa BOO-750, en la esquina de la avenida Tomás Marsano y el jirón Ayacucho.
"Mi hermana Lucy estaba estudiando en una academia y quería postular a la San Marcos. Este tipo le truncó la vida", cuenta, a manera de reclamo, Víctor Rául, quien sostiene fotocopias de DNI en su mano. A las afueras de la Morgue de Lima están los padres de Lucy, mientras que en el cementerio de Surco velan a Manuel.
"Ahora qué le digo a mi madre. Con Manuel hemos muerto todos, Será muy difícil reponernos", exclama Juan Carlos, hermano del joven difunto. Ellos solo claman justicia, quisieran retroceder en el tiempo, pero saben que eso es tan imposible como la resurrección.


"Henry no es un asesino, solo era un empleado"


1) Una compañera de trabajo de Henry Bouverie, quien atropelló a los dos jóvenes en Surco, asegura que este abogado tenía una carrera intachable y que siempre fue un empleado ejemplar. "Todo el tiempo nos ayudaba, era solícito y además muy buen profesional. Hasta ahora no entendemos su actitud. Quizás producto del alcohol decidió huir una vez que cometió ese error (el atropello). Aquí estamos muy impactados. Las autoridades del ministerio no lo pueden creer", expresó la trabajadora del Ministerio de Vivienda, que prefirió el anonimato.


2) "Solo sabemos que él retornaba de jugar un campeonato de fulbito, pero no teníamos idea de su estado de ebriedad. Henry estaba acompañado de cinco amigos, ellos lo observaron como siempre: jovial, molestoso. No salimos de nuestro asombro hasta ahora. Henry no es un asesino, él era un empleado del Ministerio de Vivienda que trabajaba bajo la modalidad de SNP, en el área de administración. Repito, siempre mantuvo una conducta seria y respetuosa", comentó, vía telefónica, su compañera de labores.

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